Donald Trump está rematando la faena.

La "Guerra al Terror" empezó con el 11-S y acabó con el asesinato de Osama Bin Laden.

Y así, en Afganistán ya no gobierna Hamid Karzai, ni Asif Ali Zardari en Pakistán, ni Nuri al Maliki en Irak y ni Mohamed Morsi en Egipto.

No, ya no es tiempo de gobiernos de transición.

Y sí, sigue la amenaza talibán, de Al Qaida y del Estado Islámico, pero ya como un problema de los nuevos gobiernos y no de los marines americanos.

De hecho, Barack Obama se pasó en sus últimos meses de dejado.

Y, por esto, ahora a Donald Trump se le ha planteado la posibilidad de hacer un último esfuerzo y rematar la faena, y por supuesto que ha aceptado.

Y así, ha posicionado tropas al norte de Uganda, para acabar con la guerra civil en Sudán del Sur y no dejar salir de lo más profundo de la selva a la guerrilla de Boko Haram.

Y también ha vuelto a enviar tropas a Mogadiscio, para instruir a las fuerzas panafricanas y acabar con Al Shabab ( la filial de Al Qaida, nacida de los rescoldos de las Cortes Islámicas y fuertemente asentada en el sur ).

Y, así, ha declarado o va a declarar "zonas hostiles y de tiro libre" las provincias de Afganistán, Yemen y Somalia dominadas por los talibanes, los huties o los de Al Shabab.

Y en Raqa, y para separar a turcos y kurdos, también ha posicionado artilleros.

Y en Kuwait ha preposicionado otros cuantos, por si hicieran falta refuerzos.

Y sí, ha bombardeado el aeródronomo sirio, y ha evitado así que lo hicieran los israelíes.

Y ha acabado con el complejo de cuevas y túneles afgano del Estado Islámico, que últimamente estaba siendo más activo allí que el talibán o Al Qaida.